Llegas a casa, te dejan solo y te das cuenta de que ya nada es igual.
Ya no está esa sonrisa que te recibía preguntándote si todo había ido bien, tan solo el silencio que nos queda para recordarlo.
Y es que a veces necesitamos eso, recordarlo todo aunque nos vengamos abajo. Solo así logramos comprender lo dura que es la vida y el daño que nos hace creer en ella.
Simplemente se trata de aprovechar al máximo cada segundo por lo que pueda venir después. Ya habrá tiempo para lamentarse. No dejes que la vida te gane esta partida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario