7 de enero de 2013

Una lágrima se ahorcó, harta de tanto llorar.

Hola.
¿Recuerdas cómo era nuestra Navidad?
Sí, era esa que empezaba en el puente de diciembre, cuando poníamos el árbol y todos los adornos. Eran esos días en los que nos juntábamos todos para ser un poquito más felices de lo que ya eramos. Era la mejor época del año, las calles olían a ilusión y nuestras sonrisas eran incluso más anchas.
Lo teníamos todo.



Dicen que las cosas cambian y que la felicidad absoluta no existe o al menos no está al alcance de cualquiera. Realmente no soy quién para creerlo, yo solo sé que entonces solo me preocupaba por afinar villancicos y pasarlo bien.

De lo que sí que estoy segura es de que las cosas han cambiado mucho y no precisamente para bien. Los más mínimos detalles nos hacen hundirnos, incluso nos tiembla la voz al hablar de ello. A pesar de eso, muchas veces es justamente eso lo que necesitamos, hablar y no tratar de distraernos como solemos hacer.

En cualquier caso ya nada es ni será como antes y más nos vale irnos acostumbrando a esta nueva rutina en la que las buenas sorpresas y buenas personas sean la base; ya no vale eso de confiar en cualquiera.

Sobretodo saber que están a nuestro lado desde donde quiera que estén es lo único que debemos recordar.

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